Escultura «Juan Vázquez de Mella y Fanjul»

Escrito el 01/10/2021
Adrián Parente

Datos básicos

Clasificación: Patrimonio cultural

Clase: Esculturas

Tipo: Esculturas

Comunidad autónoma: Principado de Asturias

Provincia: Asturias

Municipio: Cangas de Onís

Parroquia: Cangas de Onís

Entidad: Cangas de Onís

Comarca: Comarca del Oriente de Asturias

Zona: Oriente de Asturias

Situación: Montaña de Asturias

Código postal: 33550

Cómo llegar: Escultura «Juan Vázquez de Mella y Fanjul»

 

Escultura «Juan Vázquez de Mella y Fanjul»

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Descripción:

Esta escultura se encuentra junto a la iglesia.

Juan Vázquez de Mella y Fanjul nació en el concejo asturiano de Cangas de Onís el 8 de junio de 1861, hijo de don Juan Vázquez de Mella y Varela, teniente coronel retirado, natural de Boimorto, en La Coruña, y de doña Teresa Fanjul, natural de Cangas de Onís.

Cuando el pequeño Juan apenas tenía seis años quedó huérfano de padre. Realizó sus estudios secundarios en el seminario de Valdediós (1874-1877), que fue en su día sede del seminario menor de la Diócesis de Oviedo y también colegio de segunda enseñanza.

Una vez terminado el bachillerato, doña Teresa, viuda y con un único hijo, decidió trasladarse a Boimorto y vivir junto a otros familiares. Vázquez de Mella tenía dieciséis años y de acuerdo con la familia decidió estudiar Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela. Era un estudiante con una metodología singular, pues en el caso de determinadas asignaturas suplía, con más provecho, la asistencia a clase con las lecturas apasionadas que devoraba en las bibliotecas.

Finalizados sus estudios inicia su carrera periodística (1887-1890) en el periódico tradicionalista El Pensamiento Galaico de Santiago de Compostela. En 1888, cuando Llauder fundó El Correo Español en Madrid se fijó en la figura del joven periodista asturiano y lo presentó como una nueva esperanza.

Navarra lo eligió diputado a Cortes a los veintinueve años y desde 1893 hasta 1919, descontados los que funcionaron de 1900 a 1905 —en este periodo estuvo parte emigrado en Portugal, parte retirado en Filgueira, consagrado al estudio—, perteneció Mella a todos los parlamentos representando a Aoiz, Estella, Oviedo y Pamplona.

Su papel histórico fue, fundamentalmente, el de la renovación del carlismo, maltrecho desde el fracaso de 1876. En Vázquez de Mella encontraron el soporte intelectual que recogiera, ordenara y sistematizara el disperso ideario carlista para condensarlo en un cuerpo doctrinal traducido en programa político; fue, en síntesis, el que dio carácter «científico» al carlismo. Pero su tradicionalismo es elevado a un exponente máximo bajo la influencia del pensamiento de Balmes, Donoso Cortés y otros pensadores, pero de manera esencial por la doctrina social de León XIII.

Vázquez de Mella era germanófilo, lo que le condujo a una sonada separación con el pretendiente carlista Jaime de Borbón, que era aliadófilo. Jaime de Borbón, que había estado confinado por los austriacos en su castillo cercano a Viena, publicó en 1919 un manifiesto dirigido a los tradicionalistas españoles desautorizando a los que hubiesen exteriorizado sus sentimientos germanófilos. Vázquez de Mella se sintió desautorizado por el pretendiente, lo que le llevó a alejarse del carlismo para fundar el Partido Católico Tradicionalista, que celebró su primer acto público el 11 de agosto de 1919 en el casino de Archanda, desde el que propugnaba los grandes ideales que impregnaron toda su vida: tradición, catolicismo, patria y monarquía.

A Mella le fue ofrecida una cartera ministerial en dos ocasiones: una en sus mocedades, en los ensayos unionistas de Cánovas, y otra, al final de su vida, en el Gobierno nacional que presidiría Maura. En ambos casos rehusó. El 29 de mayo de 1924 en el Teatro Real de Madrid pronunció su último discurso: «Divinidad de la Iglesia católica».

Su salud se iba resquebrajando y a principios de 1925 sufrió la amputación de una pierna. Desde entonces apenas se movió de su piso del Paseo del Prado, en el que a sus dolores físicos se sumaron las penurias económicas, que fueron aligeradas por sus amigos a escondidas del interesado. Unos meses antes de su fallecimiento publica una de sus obras de más resonancia: «Filosofía de la Eucaristía». Según palabras del autor «como un humilde tributo (…) al grandioso Congreso Eucarístico de Chicago» (1927). Murió en Madrid el 26 de febrero de 1928.

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